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RECUERDOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Queridos compañeros:
Bienvenidos al sitio Web de la celebración virtual de las cuatro décadas, 4/10 de siglo, cuarenta años, etc. (lo que les parezca menos largo) de haber egresado del claustro de la Quinta Mutis, hoy en día tomado por la universidad y sin disparar un solo tiro.
La idea es recopilar en este sitio sus historias, vivencias, fotos y contar a todos los demás un poco (lo menos vergonzoso) de lo que hayamos hecho en este tiempo. También recordar un poco las épocas del Rosario, cuando salíamos a besar el anillo de Monseñor Castro Silva, quien semejaba un fantasma vestido de negro y que por algún motivo estaba penando por esos pasillos. Tal vez podamos recordar cosas cotidianas, empezando por nuestros ilustres maestros, “Culepato”, “Pichigüey”, “Policía”, “Tuqui Tuqui” y demás fauna de doctos intelectuales que nos atormentaron por años haciéndonos aprender cosas irrelevantes, fechas sin sentido, matemáticas torturadoras y que nos obligaban a asistir a misa cada jueves a las 4 como si la misa del domingo no fuera suficiente tormento.


Y hablando de profesores, hace 14 años me encontré con “Culepato” en un banco a pocas cuadras del Rosario. Allí estaba como siempre, barrigón, con su acento manizalita, su caminado de pato recién salido del agua, sentado en una banca, esperando conmigo.

“¡Profesor Ortiz, gusto de verlo!, ¿se acuerda de mí?”
“Cómo no me voy a acordar del niño Lamo, a vos te gustaba copiarte en los exámenes”.
“Cosa rara”, le dije, “¿cómo hace uno para copiar en un examen de educación física?”
Entonces pasó a contarme que él ahora era vicerrector del Rosario.
“Conseguí ese puestito gracias a una recomendación del senador Santofimio Botero”, me dijo.

Pensé para mis adentros, esto debe ser el fin del Rosario, como efectivamente lo sería. Prometí pasar un día por el colegio para revisar que no hubieran borrado el grafiti de mi pupitre y de paso a saludarlo. Nunca se dio la oportunidad.

No sé cuántos de ustedes empezaron en quinto de primaria, pero “Culepato” era el profesor de educación física. En bachillerato lo ascendieron a profesor de geografía, aunque no sabía ni de lo uno ni de lo otro. En la primaria habían una tiendita donde vendían dulces y gaseosas y “Culepato” era el mozo de la mujer que atendía la tienda. Era todo un personaje (y todavía lo debe ser). Aunque para ser justos, algunos profesores sí sabían sus temas, por ejemplo, “Tuqui Tuqui”. La última vez que lo vi fue en los años 70 en la Cinemateca Distrital. Por casualidad se sentó a mi lado. Casi le digo “Profesor Tuqui Tuqui, ¿cómo está?”, pero justo a tiempo me acordé que su apellido era Durán. “¿Se acuerda de mí?” Dijo que se acordaba entre gallos y medianoche. Aproveché para quejarme por habernos hecho llevar esos ficheros inútiles sobre La María de Isaacs, cuyo contenido desgraciadamente todavía me acuerdo: “María estaba en pie junto a mí, y velaban sus ojos anchos párpados orlados de largas pestañas.”

Y claro está, cómo no recordar a todos los compañeros con los que pasamos a las buenas o a las malas seis y hasta siete años juntos (contando el quinto de primaria) y con quienes cometimos toda clase de actos subversivos contra el desorden establecido. Me acuerdo de la primera fiesta a la que fuimos de compañeros del colegio (por lo menos para mí) en casa de Conde. Días antes, un profesor nos había preguntado lo que opinábamos de la música Rock. Todo el mundo dio su opinión y yo dije que apagaba la radio cuando sonaba. Llega la famosa fiesta y aparezco yo…con un disco de los Beatles. Me acuerdo de las miradas burlonas de todos los que habían escuchado mi profesión de odio por el Rock. Todos bailaron muy alegremente, yo nunca había bailado y para mi buena suerte, me tocó con la de bigote. Después vino la famosa fiesta en casa de Barrero, no sé si era por su cumpleaños. (Hola maestro, ¿cómo estás? ¿todavía tocas el piano? Nunca le pusiste música al poema que te di y que prometiste tener listo para la semana entrante. ¿Cómo está la familia? ¿Todavía vive en Los Alcázares?) En la famosa fiesta hubo música de Twist y los Barrero filmaron la fiesta, donde el loco que odiaba el rock bailó Twist como un loco. (¿Todavía tienes la película? ¡Nunca la vimos!)

Y para acabar por el momento, lo más divertido para mí fue nuestro campeonato de futbolín, donde tuve el honor de jugar en el peor equipo (Cardona, Conde, Sáenz y mi persona), llamado “Alemania” y en el último partido le arrebatamos el título al mejor equipo, donde jugaban Donado y Torombolo. Vamos perdiendo 1-0, el partido está por acabar, los contrarios celebran ya su campeonato. Despeja Cardona la pelota de arco a arco, meto un cabezazo y la pelota se le va por entre las piernas a Donado. Ellos no pueden ser campeones, gracias a nuestro empate (antes nos habían ganado 5-1, 4-1 y 3-1).

Como la memoria es selectiva, puede que mis recuerdos no sean sus recuerdos y por eso sería interesante compartir lo que cada cual recuerde de aquellas épocas. Les mandaré un pequeño cuestionario para facilitar el proceso recordatorio, o si quieren, simplemente manden lo que se les ocurra para ponerlo en estas páginas.

Ah, y el que escribe se dedicó a ser escritor. He escrito libros para niños de 8 a 80 años, para adultos desocupados y para inmaduros con ocupaciones, publico un blog en ElTiempo. com:
http://www.eltiempo.com/participacion/cosongo
Y coedito una página político cultural:
www.escritoresyperiodistas.com
Espero oír, como les dije en una misiva, de sus vidas y milagros para incluirlos en estas páginas. Pueden adjuntar fotos, recortes de prensa, actas matrimoniales, prontuarios, en fin, lo que consideren relevante para compartir y celebrar estos cuarenta años y esperar que para los 80, la celebración sea también en grande.

Un fraternal abrazo,
Mario

PS: Pueden escribir con sus recuerdos a estos correos:

cosongo@mac.com

losdel69@escritoresyperiodistas.com